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Las siete demonias araña

También conocido como:
Las siete emociones de la Cueva de las Telarañas Demonias araña Arañas demonio

Las siete demonias araña de la Cueva de las Telarañas son uno de los grupos femeninos más seductores y más inquietantes de *Viaje al Oeste*. Siete cuerpos, una sola red, un mismo modo de cazar: abrir el ombligo y dejar salir hilos finísimos que se elevan al cielo hasta cubrirlo todo. En el capítulo 72, mientras se bañan desnudas en la Fuente de las Impurezas Lavadas, [Zhu Bajie](es/characters/zhu-bajie/) las ve y pierde la cabeza; poco después, cuando [Tang Sanzang](es/characters/tang-sanzang/) cae en su guarida, lo enredan con seda para llevárselo a su cueva. No tienen respaldo celestial, pero sí la disciplina feroz de una manada. Su verdadero peso narrativo no está en la fuerza bruta, sino en la forma en que convierten el deseo en una trampa visible. Detrás de ellas aparece además el Señor Demonio de los Cien Ojos, el hermano mayor que las ampara y convierte su episodio en un arco de tentación, captura y castigo.

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Siete mujeres bañándose en una fuente, la piel al aire, la risa flotando sobre el agua. Así abre Wu Cheng'en uno de los episodios más descarados y más sugerentes de toda la novela. Tang Sanzang entra por azar en la Fuente de las Impurezas Lavadas con la intención de pedir comida y alojamiento, y se encuentra de pronto con siete mujeres desnudas. Echa a correr, claro, pero ya es tarde: las siete demonias araña lo han visto, y enseguida lo "invitan" a la Cueva de las Telarañas. Luego llega Zhu Bajie, que ve a las mujeres bañándose, pierde la compostura y se lanza al agua convertido en bagre, revolcándose entre ellas con el descaro de quien ya ha olvidado todo lo que sabe. Wu Cheng'en escribe aquí uno de los pasajes más explícitos de Viaje al Oeste, pero lo que de verdad le interesa no es la lubricidad en sí, sino la prueba espiritual que hay detrás: las siete emociones, vivas, húmedas y enredadas como seda.

La Cueva de las Telarañas: siete hermanas, una sola red

Las siete demonias araña viven en la Cueva de las Telarañas, en la Montaña de la Telaraña, y se han cultivado por sí mismas. No vienen de la corte celestial ni dependen de una herencia brillante; son espíritus nacidos desde abajo, sin padrinos en el cielo. Wu Cheng'en ni siquiera les da nombres individuales. En toda la novela aparecen como grupo, como cuerpo colectivo. Eso no es una omisión cualquiera: hace que funcionen como un solo mecanismo de siete caras. Son hermanas, sí, pero ante todo son una red.

Su modo de pelear es singular. Se abren la ropa, muestran el ombligo y desde allí sueltan seda en torrentes. Los hilos salen con una rapidez casi obscena, se despliegan en el aire y acaban cubriendo el cielo como una gran telaraña. No es solo una habilidad visualmente impactante; es una manera de hacer del cuerpo un arma. El ombligo, que suele ser una zona de intimidad, se convierte en el puerto por donde brota la trampa. Esa imagen es una de las más memorables de toda la mitad media de Viaje al Oeste.

La seda les sirve para inmovilizar a Zhu Bajie, pero no a Sun Wukong. A Wukong no le cuesta derrotarlas en combate, pero encuentra un obstáculo distinto: son mujeres. En el capítulo 72 alza el Garrote de Oro, lo piensa mejor y lo baja. "Un hombre no pelea con una mujer". No es cobardía ni indulgencia; es su propia línea moral. Puede luchar contra demonios, bestias y reyes celestiales, pero no contra mujeres. Wu Cheng'en le reserva esa regla a conciencia.

Entonces Wukong recurre a otra salida: se transforma en un águila, barre la fuente desde arriba y se lleva todas las ropas que las demonias araña habían dejado en la orilla. Sin ropa, sin cobertura del ombligo, la seda deja de salir. La táctica central de las siete se rompe por una maniobra casi burlona. Es una escena de rebajamiento deliberado: como si el novelista quisiera recordarnos que, en este mundo, hasta la técnica más solemne puede deshacerse con una astucia simple y un poco cruel.

La Fuente de las Impurezas Lavadas: deseo, desnudez y caída

La escena de la fuente es el corazón del arco. No solo porque es la más famosa, sino porque concentra el choque entre tentación, pudor y pérdida de forma. Zhu Bajie ve a las siete desnudas y se derrumba. Su reacción no es la del cazador, sino la del hombre vencido por la vista. Se transforma en bagre y se zambulle para restregarse entre ellas, saltando de un lado a otro como si ya no existiera nada fuera de ese instante. Esa mezcla de deseo y ridículo es puro Bajie: el apetito se le adelanta siempre al juicio.

Tang Sanzang, en cambio, representa la otra cara del mismo peligro. Cuando entra en la cueva, lo primero que hace es retroceder. Su instinto es huir, apartar la vista, no tocar nada. Esa prudencia es correcta, pero no basta. Las siete demonias ya lo tienen dentro de su red. Su historia enseña algo muy incómodo: apartarse no siempre salva, porque la trampa también avanza.

Por eso la fuente no es solo un escenario. Es un dispositivo narrativo. Allí el deseo se vuelve visible, se vuelve agua, cuerpo, hilo y ruido. La desnudez no está puesta para el escándalo gratuito, sino para mostrar cómo una simple mirada puede desordenarlo todo. Bajie cae por la vista. Tang Sanzang cae por la captura. Wukong se salva por la astucia. Tres respuestas, tres resultados.

Las siete emociones: la trampa que no se ve

El propio capítulo 72 da la clave con su título: "Las siete emociones extravían la raíz". Ahí está el centro simbólico del episodio. Las siete demonias araña no son solo un grupo de monstruos; son la figura de las emociones que se enredan, tiran del corazón y lo vuelven incapaz de sostenerse.

La seda que sale del ombligo funciona como una imagen perfecta de esa idea. No se ve venir. Es fina, flexible, casi invisible, pero una vez que se pega ya no suelta. Así también operan las emociones cuando dejan de estar gobernadas: no golpean como una espada, sino que van atando una hebra tras otra, hasta dejarte quieto. Wu Cheng'en convierte ese principio en una escena física, casi teatral. Las arañas no solo atrapan cuerpos; atrapan estados de ánimo.

Por eso este episodio tiene algo de lección espiritual y algo de comedia obscena al mismo tiempo. La novela no elige entre una cosa y otra. Las mezcla. El baño, la seducción, la vergüenza, la persecución y la seda componen una pequeña pedagogía budista puesta al servicio del placer narrativo. Eso es parte del genio de Viaje al Oeste: puede hablar de disciplina interior mientras hace que el lector sonría ante el ridículo de Bajie.

El Señor Demonio de los Cien Ojos: la sombra que las protege

Las siete demonias araña no están del todo solas. Detrás de ellas aparece el Señor Demonio de los Cien Ojos, su hermano mayor y su verdadero respaldo. Cuando ellas fracasan y huyen hacia la montaña, el conflicto deja de ser una simple escena de tentación y se convierte en un problema mayor. El hermano mayor no solo las protege: también amplía el alcance del peligro.

Eso importa porque, en Viaje al Oeste, casi nunca un monstruo termina en el mismo punto donde empezó. Siempre hay un hilo que conduce a otro hilo. Las demonias araña son el primer nudo, pero no el final. Su derrota abre la puerta a una amenaza más seria, y esa progresión hace que el arco gane profundidad. Wu Cheng'en sabe muy bien que un monstruo aislado se olvida rápido; una red, en cambio, sigue vibrando.

Personajes relacionados

  • Sun Wukong — rompe la táctica de seda arrancando la ropa de las demonias araña y usa la astucia en lugar del golpe frontal
  • Zhu Bajie — las ve bañándose, pierde la cabeza y cae en el agua convertido en bagre
  • Tang Sanzang — entra en la cueva por azar y acaba atrapado por la red de seda
  • Señor Demonio de los Cien Ojos — hermano mayor y respaldo de las siete demonias araña
  • 毗蓝婆菩萨 — figura relacionada con el desenlace del arco posterior, cuando la amenaza escala más allá de las arañas

Apariciones en la historia

Tribulations

  • 72
  • 73