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Capítulo 92: Los tres monjes combaten en el Monte Dragón Verde y las cuatro estrellas capturan a los demonios rinoceronte

Sun Wukong sube al cielo a pedir auxilio al Emperador de Jade; las cuatro estrellas de la Madera descienden para vencer a los tres demonios rinoceronte; Tang Sanzang, Zhu Bajie y Sha Wujing son rescatados de la Cueva Xuanying.

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Los tres monjes combaten en el Monte Dragón Verde y las cuatro estrellas capturan a los demonios rinoceronte

Sun Wukong volvió al templo de la Nube Misericordiosa cargando el peso de la derrota y la vergüenza de un guerrero que no pudo salvar a su maestro. Zhu Bajie y Sha Wujing lo esperaban junto a los monjes del templo, que habían permanecido toda la noche en vigilia rezando por el viajero del Oriente. Cuando Sun Wukong les relató lo ocurrido —la cueva, los tres demonios con cabeza de buey, la captura del maestro, la batalla inconclusa— los monjes se miraron entre sí con la palidez de quienes comprenden que la amenaza que han adorado durante generaciones era un monstruo.

—Esos no eran Budas —dijo el más anciano de los monjes en voz tan baja que apenas se oyó—. Eran ladrones disfrazados de dioses.

Sun Wukong convocó a sus hermanos para regresar esa misma noche. Sha Wujing señaló con razón que esperarse hasta el día siguiente podría costarle la vida al maestro, y antes de que Zhu Bajie terminara de formular su objeción ya estaban los tres volando entre nubes hacia el noreste.

Llegaron a la Cueva Xuanying cuando la luna estaba alta y la montaña entera dormía. Sun Wukong se transformó en una luciérnaga de fuego y se coló por una grieta de la puerta de piedra. En el interior, los demonios menores dormían enroscados como bueyes en el establo, sus armas apiladas descuidadamente en los rincones. Sun Wukong voló hasta las cámaras del fondo siguiendo el sonido de un llanto que reconoció de inmediato.

Tang Sanzang estaba encadenado a una columna de piedra, con el rostro mojado de lágrimas y la voz ronca de haber llorado solo en la oscuridad. Musitaba entre sollozos un poema de su propia composición:

Hace diez años partí de Chang'an, escalé montañas y crucé ríos en larga penitencia. Llegué al país del Oeste en noche de fiesta, y en Jin Ping me encontró la trampa de la luz. No supe distinguir el falso Buda del verdadero, y el destino cobró su precio en cadenas. Mis valientes discípulos buscarán rescatarme: que sus poderes brillen más que estas antorchas.

—Maestro, he venido —susurró la luciérnaga.

Tang Sanzang secó sus lágrimas.

—¿En enero una luciérnaga? —murmuró—. Solo puede ser Wukong.

Sun Wukong recuperó su forma y abrió la cadena de un toque mágico. Pero al guiar al maestro hacia la salida, un guardia nocturno que llevaba una campana los descubrió. El alarido del guardia despertó a todos los demonios menores, que a su vez alertaron a los tres reyes. Sun Wukong golpeó a los que bloqueaban el paso, derribó dos puertas con su vara, y logró sacar a Tang Sanzang hasta el umbral exterior, pero los tres reyes demonios llegaron antes de que pudieran escapar. Con cadenas nuevas y más gruesas, volvieron a atar al maestro.

La batalla de medianoche que siguió fue brutal. Los tres reyes salieron armados hasta los dientes al frente de su horda de demonios con cabeza de toro, y la montaña retumbó con el choque de metal contra metal. Zhu Bajie se enfrentó al Rey Evita-el-Calor con su rastrillo; Sha Wujing cruzó su vara con el garrote del Rey Evita-el-Polvo; Sun Wukong descargaba su vara contra el hacha del Rey Evita-el-Frío. Durante un tiempo los tres pelearon en tablas perfectas.

Pero cuando el Rey Evita-el-Polvo agitó su estandarte, la horda de demonios menores se volcó en masa sobre los peregrinos. Zhu Bajie fue derribado por varios demonios de agua que lo aferraron de los pies, y antes de que pudiera levantarse lo arrastraron al interior de la cueva. Sha Wujing intentó correr en su ayuda pero también fue rodeado y sometido. Los dos fueron encadenados junto al maestro.

Sun Wukong escapó en una voltereta hacia el cielo nocturno, dejando atrás la montaña y el fracaso con la misma velocidad con que había llegado.

De regreso al templo, tomó la decisión que solo se toma cuando se ha agotado la fuerza propia: pedir ayuda al cielo. Voló hasta las puertas del Palacio Celestial y encontró a la Estrella de Venus, el Dios del Crecimiento y cuatro grandes funcionarios celestes conversando tranquilamente bajo el arco de la entrada.

—Gran Sabio —saludó la Estrella de Venus—, ¿qué clase de monstruo no has podido derrotar tú solo?

Sun Wukong relató los hechos sin adornos. La Estrella de Venus escuchó con una expresión que mezclaba gravedad y algo parecido al reconocimiento.

—Son tres rinocerontes que alcanzaron la iluminación —dijo la Estrella de Venus—. Llevan siglos en esa montaña, y su poder nace de su naturaleza bestial perfeccionada por el tiempo. Para vencerlos solo hay un remedio: las Cuatro Estrellas de la Madera entre los Veintiocho Mantos Celestes. Ve al Palacio del Este y habla con el Emperador de Jade.

Sun Wukong se presentó ante el trono de jade del Palacio de la Bruma Luminosa y expuso su caso con la concisión de quien ha aprendido a hablar ante los dioses sin perder el tiempo. El Emperador de Jade escuchó y decretó que las Cuatro Estrellas de la Madera —Ángulo el Dragón de Madera, Pozo el Perro de Madera, Cubo el Unicornio de Madera, Estrella Austral el Lobo de Madera— descenderían al mundo para ayudar al Gran Sabio.

Las cuatro estrellas llegaron al Monte Dragón Verde con Sun Wukong al frente. Este llamó a los demonios a combate desde el exterior de la cueva rota, y los tres reyes salieron armados. Pero cuando vieron a las cuatro estrellas celestiales, su ferocidad se transformó instantáneamente en terror.

—¡Los que nos pueden vencer! —gritó el Rey Evita-el-Frío—. ¡Huid!

Los demonios menores se dispersaron por la montaña revelando sus formas originales: bueyes de montaña, bueyes de río, bueyes manchados corriendo en todas direcciones. Los tres reyes huyeron hacia el noreste en su forma verdadera: cuatro pezuñas de hierro golpeando la tierra, sus cuernos de rinoceronte rasgando el viento mientras corrían hacia el mar.

Cubo el Unicornio y Estrella Austral el Lobo se quedaron en la montaña barriendo a los demonios menores, capturando a unos y matando a otros, hasta limpiar por completo la Cueva Xuanying. Luego entraron y liberaron a Tang Sanzang, Zhu Bajie y Sha Wujing de sus cadenas.

Tang Sanzang lloraba mientras agradecía a las estrellas su intervención.

—¿Y Wukong? —preguntó—. ¿Por qué no ha venido?

—El Gran Sabio persigue a los tres reyes junto con Pozo el Perro y Ángulo el Dragón —respondió una de las estrellas—. Los rinocerontes huyeron al mar del Oeste. Nosotros nos quedamos aquí para rescataros.

Zhu Bajie metafóricamente se sacudió el polvo de la derrota, entró de nuevo a la cueva y comenzó a recoger los tesoros: coral, ámbar, perlas del mar, jaspe pulido, láminas de jade. Lo apiló todo en el exterior, y cuando ya no quedaba nada de valor, prendió fuego a la cueva. La Cueva Xuanying ardió desde adentro hacia afuera, y cuando las llamas terminaron, no quedó nada excepto piedra ennegrecida.

En el mar del Oeste, Sun Wukong había seguido a los tres rinocerontes hasta las profundidades del océano junto con Pozo el Perro y Ángulo el Dragón. El rey del Mar del Oeste, el Dragón de Jade Aorun, envió a su hijo el príncipe Ao Mang con un ejército de camarones, cangrejos, tortugas y peces armados para cortar la retirada a los fugitivos.

El Rey Evita-el-Frío fue capturado vivo por el príncipe Ao Mang y sus tropas, que le pasaron un gancho de hierro por el hocico y le ataron las cuatro patas. El Rey Evita-el-Calor fue acorralado, pero antes de que pudiera rendirse, Pozo el Perro lo atrapó entre sus mandíbulas y comenzó a comérselo. El príncipe pidió que lo dejara vivo, pero ya era demasiado tarde: el cuello estaba partido. El Rey Evita-el-Polvo fue capturado vivo por Ángulo el Dragón.

Sun Wukong salió del mar con dos prisioneros vivos y el cadáver del tercero. Les cortó los cuernos a todos, ordenó que les pelaran la piel, y envió los cuatro cuernos con las Cuatro Estrellas de regreso al Palacio Celestial como ofrenda al Emperador de Jade. Retuvo un cuerno para sí, destinado a ser presentado ante el Buda de Lingshan.

Los dos rinocerontes vivos fueron conducidos ante el gobernador de la Prefectura Jin Ping, donde Sun Wukong anunció desde el cielo, con voz que resonó en cada rincón de la ciudad:

—¡Gentes de Jin Ping! Lo que creían que eran Budas que descendían cada año a bendecir vuestras cosechas eran estos rinocerontes que os robaban el aceite y a vuestros maestros sagrados. He limpiado la cueva y capturado a los demonios. A partir de hoy, quedáis libres del tributo de las linternas de aceite.

La ciudad entera salió a sus puertas. Las doscientas cuarenta familias que habían pagado el tributo durante generaciones lloraban de alivio. El gobernador ordenó que se levantaran templos en honor de las cuatro estrellas y santuarios en honor de los cuatro peregrinos. Durante un mes completo, los cuatro viajeros fueron festejados en banquetes vegetarianos que se sucedían sin parar.

Finalmente, una madrugada oscura antes del alba, Tang Sanzang despertó a sus discípulos en silencio.

Zhu Bajie, prepara el caballo sin hacer ruido. Nos vamos antes de que despierte la ciudad.

—Pero maestro —protestó Zhu Bajie adormilado—, apenas hemos comido en treinta de los banquetes que nos deben.

—Si seguimos festejando perderemos más tiempo del que ya hemos perdido, y el Buda nos lo tendrá en cuenta.

Zhu Bajie rezongó, recogió los bultos, azuzó al caballo blanco, y antes de que el primer rayo de sol tocara los tejados de Jin Ping, los cuatro peregrinos habían desaparecido por el camino del oeste como si nunca hubieran estado allí.